Editorial 2

Por: Jackeline Guerra Gómez, PhD.

En una conversación con algunos empresarios de Pymes en Antioquia surgió la pregunta ¿Qué podemos hacer en tiempos donde la guerra es una amenaza constante?

La respuesta fue: Nunca dejar de pensar y usar el pensamiento crítico.

Sin embargo, con tanta desinformación producida por los medios de comunicación, es cada vez más complejo mantener la capacidad de pensar. Hoy es común ver información sobre los conflictos mundiales en todas las redes sociales.

La Guerra Rusia-Ucrania alimenta los titulares, la masacre sistemática del pueblo palestino en Israel, las armas nucleares de China, Japón y Corea. Y para mantener el interés, noticias más recientes como la intervención militar de EE.UU en Venezuela y su política expansionista donde estamos en la mira Groenlandia, México, Cuba y Colombia. Y para no alejar la mirada, debemos recordar el conflicto interno de nuestro país que lleva más de seis décadas y que lo hemos vivido al menos tres generaciones.

No conocemos las verdaderas razones y motivaciones que tienen los “líderes” mundiales para crear y finalizar guerras en cada esquina del mundo. por lo tanto, tomar una decisión informada es absolutamente retador y solemos emitir juicios sin tener la suficiente argumentación ni conocer el contexto que define una problemática en particular.

Parece más fácil replicar información sin verificar la veracidad de su contenido, ni sus fuentes. Podemos atribuir la calidad de líder de paz a cualquiera que garantice mantener el “orden mundial” y otorgar calificativos despectivos a todo aquel que piense distinto a nosotros.

Produce profunda tristeza saber que no hemos aprendido suficiente para permitir la libertad de pensamiento y respetar la multiculturalidad. Si bien construimos y desarrollamos los conceptos, su inclusión en la cotidianidad es mucho más lenta.

Hablamos de inclusión, de diversidad, de multiplicidad, de complejidad. Sin embargo nos peleamos por colores y partidos políticos. Creamos sistemas económicos y de gobierno excluyentes que no satisfacen las necesidades de las mayorías. La individualidad es una nueva prioridad (Bauman, 2007).

En esta posmodernidad donde el hombre se acerca cada vez más a superar las barreras del tiempo y espacio (Hawking, 2002) y donde se prioriza la Inteligencia Artificial y las máquinas como una nueva construcción del presente y el futuro (Betancur y Guerra, 2025), es necesario hacernos preguntas.

¿Podremos sobrevivir a nuestra propia especie? ¿Comprenderemos que la supervivencia de la humanidad depende del compromiso colectivo? ¿Los poderosos pueden hacerse cargo de las necesidades del mundo o únicamente de las suyas? ¿Prevalecerán los derechos humanos y el derecho internacional o nos espera otra “conquista”?

Quedan más preguntas que respuestas, pero tal como se plantea al inicio de esta editorial esperamos que nos ayude el seguir pensando y preguntándonos siempre. Para entender las múltiples máscaras que tiene la guerra es determinante conocer la historia o estaremos condenados a repetirla. Debemos recordar constantemente que el pensamiento y los argumentos son lo único que no nos pueden robar.

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